El duelo de una generación.

La impactante noticia que corrió esta madrugada sobre el deceso del cantante Chris Cornell es de esas que dejan una tristeza inexplicable. La generación que se asoma por los 40, ya ha sabido de otras voces de una época que se apagaron, pero no estábamos preparados para la muerte de un cantante activo, poco escandaloso, menos aún a minutos de bajarse de un escenario.

cornell

Antes de que la voz de Chris CornellEddie Vedder y Layne Staley se tomarán el mainstream por asalto ya arrancados los años noventa, en una revolución levantada por Nirvana, el mundo del rock era distinto; era más plástico, con peinados monumentales que estaban acabando con la capa de ozono, y con letras sobre motos, fiestas y chicas. Cuando este nuevo aire llegó desde Seattle, todo eso cambio: cada uno de estos cantantes se convirtieron en una fuerza a través de sus bandas, que se instalaron en el ADN de una generación.

Las voces de todos ellos identificaron a miles, con textos más reales, de angustia palpables, de una tristeza con riffs distorsionados, y se volvieron una fuerza musical que definió la década.

No todos lo entendieron (y no tenían, ni tienen que hacerlo), pero el asalto de este combo de rock fue tan fuerte que la media más establecida los analizó como un fenómeno social, el inicio de una era que no pasaba inadvertida, teniendo su momento más icónico la portada de la revista Time con el rostro de Eddie Vedder y  el titular “All the rage”.

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Pero Chris Cornell parecía más centrado. Había sobrevivido de muy jóven a otras tragedias, fue roomate de Andrew Wood, una de las primeras muertes de su entorno musical, luego desaparecieron CobainStaley y, cuando comenzó a entrar en la madurez, lanzó discos en solitario en los que, incluso, coqueteó con el pop vía Timbaland, también se acercaría a un público más maduro y difícil compartiendo escenario con Sting. A diferencia de otros de sus compañeros de escena, él sí tuvo la suerte de ver en vida cómo esoldoutl legado musical de Soundgarden, su banda, lograba estatus de clásico. Hoy no eran la nostalgia en un club de Seattle, ahora estaban embarcados en una gira gigantesca organizada por Live Nation, y los boletos estaban agotados en todos los lugares.

Esta mañana no fue necesario agregar nada, pues la noticia estaba en todos los medios. Me encontré con un titular de esos de broma, pero bello, el de “Fanáticos del grunge crean muralla humana gigante para proteger a Eddie Vedder”. Triste, gracioso y, a la vez, bonito.

Uno de los instantes que me motivó a hacer canciones al inicio de mi carrera fue ‘Seasons’, esa primera canción en solitario que publicó en el soundtrack de la película “Singles”, re lanzado hace poco. Una pena todo, una pena rara. Supongo que es porque nadie esperaba despedir tan pronto al que fue, probablemente, el mejor cantante de rock de su generación.

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