Tom of Finland: Masculinidad en grafito

Por Mauricio Riveros.

Un hombre musculoso enfundado en un ceñido traje de cuero negro luce una sonrisa traviesa coronada por un bigote perfecto. Está dirigiendo su mirada hacia alguien que ha provocado que en su pantalón se levante un bulto marcado con fuerza. Ese alguien es otro hombre musculoso, un policía, también de bigote, con otra gran sonrisa de respuesta. Además de ser hombres tienen otra cosa en común: ambos son dibujos de lápiz grafito, obra de Tom of Finland.tom

Su autor no siempre se llamó Tom, pero sí era de Finlandia. Los primeros pasos de toda una vida dedicada al dibujo los daría como Touko Laaksonen, nacido en 1920, criado en una Europa fría y conservadora, en una época en que los desnudos no se conseguían en quioscos ni presionando una pantalla de bolsillo.

En una entrevista, casi al final de sus días, el artista contó que las fantasías que lo inspiraron llegaron muy temprano, cuando tenía casi diez años, soñando con hombres bellos, musculosos y, sobre todo, de oficios muy masculinos. De adolescente fue enviado a la Guerra del Invierno, en la que Rusia invadió su país, donde además de batallar, entrenó su ojo para estudiar de cerca la intimidad masculina: proporciones, gestos y músculos de los uniformados. Secretamente aprendió a recrearlos en las hojas de sus cuadernos, gestándose allí el perfil de los personajes que iba a preferir firmar con seudónimo.

El camino al reconocimiento fue largo y difícil. Durante años tuvo que llevar una vida artística doble; de día era un ilustrador publicitario, con pocas expectativas sobre el futuro, y, de noche, un excepcional dibujante erótico de hombres para hombres, con la voz de esos croquis a punto de encontrar una gran caja de resonancia. De bosquejar uno, tres y diez, terminó dibujando todo un universo vestido de cuero.

Luego de que sus trabajos se multiplicaran clandestinamente, esas imágenes obsesionadas en uniformes militares cargados de una masculinidad exagerada, comenzaron a entibiar y fascinar a varones de una Europa subterránea, convirtiéndolo inesperadamente en una estrella del arte erótico en los Estados Unidos, principalmente en San Francisco, donde florecía una de las épocas más liberales, lo que, para su sorpresa, contrastaba con la persecución de la que siempre había sido objeto en el Viejo Mundo. Al cruzar el océano fue recibido como una celebridad, alentado por centenares de hombres que se inspiraron en sus dibujos al vestirse (y desvestirse), para luego salir a los clubes a bailar con otros hombres.

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Su propuesta no necesariamente debía mostrar un acto sexual para excitar a su público; a veces solo bastaba con una expresión, una mirada cómplice entre dos hombres, para que los chicos que compraban sus ilustraciones imaginaran lo que pasaría después, algo que no existía en los trabajos de Milo Manara, por ejemplo, cuyas publicaciones tuvieron una difusión más amplia y muchísimo menos controversial, a pesar de lo explícito del sexo, casi humorístico, que interpretaban las mujeres que dibujaba.

Entonces, si Tom of Finland, en plena época contemporánea, con las revistas para adultos en auge, proponía validar otro ángulo, potenciando la masculinidad de sus protagonistas, ¿se debía dejar de entender el negocio de estas publicaciones como un área reservada para explotar desnudos femeninos?; ¿estaba listo el siglo para que se asentara con normalidad el arte homoerótico, algo que en sociedades previas había sido cuestionado y perseguido?

Sus críticos no solo lo acusaban de producir pornografía, sino que también veían como un grave hecho antipatriótico el que promoviera la estimulación sexual graficando al enemigo uniformado. Tom defendió su punto de vista asegurando que el atuendo militar no era más que un fetiche, un elemento usado sin ninguna lectura nacionalista. Al no saber rebatir ese argumento, a sus contrarios no les quedó más que presenciar como la figura del soldado cobraba protagonismo en sus trabajos.

Desde que su nombre se subrayó a punta de romper barreras, cambió las cosas en muchos planos; se desarrolló una subcultura bajo sus códigos reconocida a nivel global, y la masculinidad tomó una tribuna importante dentro de la homosexualidad, gracias a que desdibujó los límites para los que estigmatizan al gay como afeminado o “queer”. Por eso, y más, en la actualidad se le considera el más influyente artista gráfico de la cultura gay del Siglo XX.

Los que hoy en día se sienten muy transgresores, posando frente al espejo del gimnasio para tomarse sus fotos y subirlas a Instagram, debieran saber que fue Tom of Finland el que dibujó la puerta que encontraron abierta; y lo hizo sin tecnología, solo con un ojo bien entrenado, un talento excepcional, suma audacia y muchos lápices de grafito.

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